JesusAvalosP: estas fechas históricas nos llaman a consolidarnos y mejorar como sociedad, orgullosa de nuestra historia pero más de nuestro futuro!. Leer más

Untitled Document

EDITORIAL

OCTUBRE, 2009

LA ENORME VALÍA DE LOS OLVIDADOS

ALFONSINA MACOUZET VALLÍN

 

El presente escrito es una reflexión sobre lo que como país somos, en el entendido que a partir del pleno conocimiento de nuestras realidades podremos construir las respuestas que nuestro país requiere evitando la negación de parte de lo que somos. Construyendo sobre realidades no sobre construcciones sociales utópicas e irreales.

En meses anteriores hice algunas lecturas que resultaron realmente significativas para mi en la construcción de mi apreciación de lo que México es como nación. Autores como Guillermo Bonfil en México Profundo, Rosario Castellanos en Ciudad Real, Samuel Ramos en El perfil del hombre y la cultura en México, El espejo enterrado de Carlos fuentes y el Laberinto de la Soledad de Octavio Paz, me permitieron hacer una profunda reflexión sobre la multiculturalidad mexicana, las diferencias entre unos y otros, y la importancia de valorar verdaderamente esa diversidad.

Estas reflexiones llevadas de la mano de estos importantes autores me han marcado profundamente, específicamente en el dolor que me produjo llevar a la conciencia le negación del indígena que hemos tenido. La destrucción de la majestuosa cultura indígena, de sus formas de organización social, de sus valores, que son parte del valuarte de México, los cuales no podemos seguir haciendo a un lado. Exaltando en actos públicos, representaciones y rituales políticos e ignorando e incluso menospreciándolos en la vida privada, en la realidad de cada mexicano.

Considero que el estancamiento que tenemos como nación (en cuestiones de corrupción, de progreso, de transparencia) surge como una profunda negación de nuestro auténtico yo, como el ser que se niega a si mismo y trata de construirse sobre el aire, sobre falsedades. Ese ser que en la negación de quien es, trata de autoafirmarse a cada momento, como diría Samuel Ramos, por ese delirio de inferioridad, no porque sea inferior, si no porque al haber sido conquistado, se siente derrotado. Es por ello que  históricamente no nos hemos creído valiosos, merecedores de una patria ordenada y generosa, de un gobierno sin corrupción, sin amiguismos.

México ha tratado de construirse sobre grandes mentiras e irrealidades. En parte por voluntad de la clase política, para contar la historia a su conveniencia, en parte por la gran necesidad de darle sentido a hechos tan violentos como la revolución. Parte de la autoafirmación que el mexicano ha buscado, es la de afirmarse opulento, con capacidad de gasto, en los estratos altos; y fuerte, macho, agresivo en los bajos, en donde la incapacidad de la afirmación monetaria, lleva a la búsqueda de otro tipo de afirmación.

Todos buscamos afirmarnos de alguna manera, quien puede lo hace por medio del dinero, es por ello que hoy vemos las entradas “vip” a cualquier sitio, los valet parking, el esfuerzo de los que más pueden de llegar en automóvil de lujo, último modelo, el uso del nextel como diferenciación social por ser más caro que el celular etc. Pero también encontramos otro tipo de diferenciación, la académica, en donde muchos mexicanos buscan el estudio, el conocimiento, no por el conocimiento en si, si no por la afirmación de ganancia de estatus social, por diferenciarse de la masa desinformada que el resto del pueblo mexicano representa.

Existen diferentes tipos de diferenciación, pero lamentablemente en todos los estratos y de una manera triste y significativa, la mayoría de los mexicanos hemos tratado de diferenciarnos del indígena. Con peyorativos alusivos a estos, decimos, no seas indio, cuando alguien no sabe algo, no seas naco, cuando usamos el español de una manera incorrecta. Haciendo menos a los que menos pueden en la búsqueda de afirmarnos valiosos, sin ponernos a pensar que los nacos que no saben pronunciar correctamente el español es porque no lo tienen como primera lengua. Me gustaría ver nuestra habilidad para pronunciar el náhuatl, sin ser unos nacos.

Este sentimiento que se ha provocado de poca valía, de denigración hacia el propio indígena, ha causado que el mismo indígena se diferencie de su grupo. Que se separe, que deje de hablar su lengua madre, que lo cambie por el español. Que deje de vestir sus ropas típicas y de vivir sus tradiciones. Esa situación a generado el indio desindianizado, del pueblo y de la ciudad, que niega sus mismas raíces en la búsqueda igualmente de la afirmación, del consentimiento social. Esta cuestión aunada a la migración esta desapareciendo ciertas vivencias de valores y costumbres indígenas invaluables.

Hay indígenas que se han desindianizado tratando de convertirse en otro mexicano de la masa, de la moda, hasta cierto punto uniforme, ignorante e inconsciente. Profundamente en contradicción con lo que los indígenas por tradición habían sido, seres sumamente conscientes con el medio ambiente, con su comunidad, seres realmente solidarios, al servicio de los demás que vivían fuertemente valores universales valiosísimos, que ojala nuestra sociedad no estuviera perdiendo.

Si no negáramos nuestro pasado indígena la mayoría de los mexicanos, tendríamos muchos más valores tan constructivos de una sociedad que estaríamos realmente mucho mejor:

El gobierno estaría integrado por personas de comprobada autoridad moral, que hubieran ido subiendo de cargos con  base en su compromiso gratuito  con la comunidad, de forma que conocieran todos los problemas existentes en las diferentes clases sociales y pudieran realmente resolverlos. Las familias se mantendrían unidas, respetando a los padres y a los abuelos, los valores y las buenas costumbres. El mexicano estaría acostumbrado a aprender en todo momento de su vida, bajo diversas técnicas y no sólo en la escuela, como los indígenas que aún hoy acostumbran aprender una gran cantidad de oficios. Seríamos autosustentables, sin intentos de producir por producir y por generar más riqueza, dañando inconscientemente el medio ambiente. No tendríamos personas muriéndose de hambre pues la comunidad indígena se preocupa porque los alimentos producidos alcancen para todos, por la solidaridad que se vive, entre  otras muchas cosas.

Evidentemente no podíamos esperar que a partir de la conquista, todo nuestro pasado indígena quedara intacto, pues lo veamos como lo veamos, una cultura se impuso a otra aunque termino siendo un sincretismo de creencias y costumbres. De cualquier manera hoy podemos conscientemente ver en nuestra cultura, en nuestra propia realidad como hemos negado a una parte importantísima de nuestro mexicano, que es como negarnos a nosotros mismos, porque somos parte de un todo. Y esa negación no permite que nos construyamos a partir de la realidad, pues vivimos en la simulación, de las máscaras, que Octavio Paz comentaba.

Por otro lado si bien la corrupción en México se estableció como una costumbre cultural a partir de la colonia, en donde la ley decía una cosa en la letra pero en la realidad imperaba otra, (situación que se daba al no obedecer cabalmente las leyes de las indias por la lejanía con España), como reflexionaba Carlos Fuentes en el Espejo enterrado. Hoy como pueblo podemos igualmente tomar conciencia de que nuestras leyes son emanadas por nosotros mismos y que seguirlas es fortalecer nuestra misma nación, ayudar al buen desarrollo de las cosas, a la construcción de ese México que todos queremos y que a pesar de que a veces no lo creamos, lo merecemos.

Cada pueblo tiene el gobierno que merece, dicen muchos y creo que es verdad en el sentido de que todos somos parte con nuestras propias actitudes de la construcción de nuestro gobierno, no podíamos esperar en una sociedad corrupta un gobierno honesto. Si queremos un gobierno honesto, tenemos que empezar en lo personal por optar por la verdad, invariablemente. Entonces tendremos el gobierno que merecemos, pues tendremos la autoridad para exigir lo que damos.

Toda esta reflexión sobre el indígena, sobre el México enterrado y escondido, me hizo voltear a ver a mi propia familia y darme cuenta como esta cultura esta tan arraigada, que es de sentirse orgulloso tener raíces europeas, pero no tanto en cuanto lo indígena. Durante toda mi infancia supe que mis antepasados tanto Macouzet como Vallín vinieron de Francia en algún momento histórico, por razones migratorias o de búsqueda de oportunidades. Mientras que hasta mis 20 años aproximadamente me entere que también soy descendiente directa del último cazonci purépechaTanganxoan II, hoy lo sé y me siento muy orgullosa, pero noto como hasta en mi familia es más “honroso” ser descendiente francés…

Creo que si analizamos un poco cada quien en nuestra vida podremos ver como en algún punto negamos nuestra parte indígena, como también llegamos a negar o a odiar nuestra parte española, de los conquistadores que “destruyeron” nuestra cultura. O nos sentimos indígenas, o nos sentimos españoles en forma malinchista, pero no nos hemos parado a reflexionar verdaderamente que somos mestizos, que ambas culturas nos alimentan y ambas tienen valores rescatables que debemos preservar. Negar lo que somos en cualquier sentido y desdeñar a otros en búsqueda de nuestra propia afirmación, no construirá el México que queremos merecer. Será el pleno conocimiento de quienes somos, con la humildad de ver las fallas, las que nos ayudaran a construir sobre realidades, lo que queremos ser.

La discriminación hacia los indígenas en particular y en general hacia los que son diferentes a nosotros, la hemos creado, propiciado y mantenido todos y de todos también es la responsabilidad de erradicarla, me llama la atención como en la historia de México estudiamos a los indígenas pero no a conciencia, como no me dieron nunca historia de Michoacán, como nadie me ha enseñado en la escuela, ni en ningún otro lado, hasta hoy, el enorme valor de nuestros indígenas, olvidados.

He venido a aprender de manera más profunda sus prácticas y costumbres, sus valores y cosmovisión en la exposición que de ellos hace Guillermo Bonfil. A mis 20 años de edad, muestra de que no ha sido una política de estado preservar más allá del discurso este patrimonio cultural de nuestros indígenas.

Es por ello que este artículo viene a ser una reflexión buscando crear la conciencia de esa negación en cada persona que lo lea, buscando que esa persona, busque lo valioso en aquello que ha ignorado, a lo cual ha sido indiferente en la indigencia y pobreza de nuestro México y entonces, se convierta en un factor de construcción positivo y congruente para nuestro amado país.


Alfonsina Macouzet Vallín:

Estudiante de la Licenciatura en Humanidades del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey. Miembro activo del Partido Acción Nacional.

 

 

Ir al archivo de noticias

Volver a página de inicio